Calaveras humeantes de Bolivia adornadas con flores, pelucas y una Parca

Los bolivianos de la ciudad altiplánica de La Paz celebraron el fin de semana el Día de las Calaveras, sacando a relucir los huesos de sus seres queridos, adornados con flores, pelucas y gafas de sol, y que casi siempre llevan un cigarrillo encendido humeando por la nariz.

La colorida tradición de las calaveras, conocida como “natitas”, tiene sus raíces en antiguas creencias indígenas que pretenden atraer la buena fortuna y la protección honrando a los muertos.

Las calaveras se decoran y desfilan hasta el cementerio una semana después del Día de Todos los Santos. Se cree que la celebración tiene sus raíces en la costumbre de los Uru Chipaya de desenterrar los cuerpos de sus seres queridos al cumplirse un año de su muerte.

“Son muy milagrosos. Son almas pequeñas muy queridas. Cumplen todos los milagros, todo lo que se les pide”, dijo Melvi Mariscal, creyente en el ritual, en un cementerio de la ciudad andina.

Los bolivianos de la ciudad altiplánica de La Paz celebraron el fin de semana el Día de las Calaveras, sacando a relucir los huesos de sus seres queridos, adornados con flores, pelucas y gafas de sol, y que casi siempre llevan un cigarrillo encendido humeando por la nariz.

La colorida tradición de las calaveras, conocida como “natitas”, tiene sus raíces en antiguas creencias indígenas que pretenden atraer la buena fortuna y la protección honrando a los muertos.

Las calaveras se decoran y desfilan hasta el cementerio una semana después del Día de Todos los Santos. Se cree que la celebración tiene sus raíces en la costumbre de los Uru Chipaya de desenterrar los cuerpos de sus seres queridos al cumplirse un año de su muerte.

“Son muy milagrosos. Son almas pequeñas muy queridas. Cumplen todos los milagros, todo lo que se les pide”, dijo Melvi Mariscal, creyente en el ritual, en un cementerio de la ciudad andina.

“Te ayudan a estudiar, te ayudan en el trabajo, en la salud. Siempre te protegen y te echan una manita”.

Las calaveras estaban rodeadas de velas y hojas de coca, que muchos en el país mastican para obtener energía, adornadas con flores de colores, pelo falso, gafas de sol, sombreros andinos e incluso una con una pequeña maqueta de una Parca, la personificación de la muerte.

La gente en el cementerio recordaba a sus seres queridos y pedía protección y ayuda para el año que se avecina. Algunos llevaban las calaveras en cajas decorativas.

“Yo le digo cuando estamos enfermos, gente de la familia, le pido que por favor nos cure y él lo cumple”, dijo Sofía Irusta, sosteniendo una calavera con dos cigarrillos, una peluca marrón y una corona de flores. “Todo lo que le pido lo cumple. Eso es lo que me gusta de mi calavera”.